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27 sept. 2007

Reinventar lo inventado. Llega aire fresco

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Lo ha repetido Ignacio Ramonet en Argentina y lo ha recogido LAVOZ.com.ar: «Hay que reinventar el periodismo». No es el primer estudioso que lo afirma, ya ha habido otros que han teorizado sobre el ya casi tedioso asunto.

Mientras ellos hablaban, otros ya lo practicaban, a su manera.

Y hace apenas 24 horas, se ha puesto en marcha el primer producto español del neoperiodismo, si se le puede llamar así. De novedoso tiene que bebe de fuentes del periodismo anglosajón y está en la línea de otros más latinos.

En España, ya había quien hacía un producto parecido, aunque en un primer vistazo, aporta más frescura y nuevas ideas.

Su director tiene las cosas claras. Y si les dejan, a él y a su equipo, creo que pueden dar en la clave que necesita el periodismo español para liderar una especie de revolución, acabar con el corsé empresarial y recuperar algo que se estaba perdiendo: que los periódicos vuelvan a hacerlos los periodistas, no los empresarios, que saben mucho de números, pero poco de letras y de contar historias, salvo las que van seguidas de varios ceros.

Y de paso, que se acabe con el vedettismo rancio que practica la generación de la transición española. Han pasado 25 años, señores, sus hijos han crecido, sus nietos vienen de camino y en España existe otro público.

Algo está cambiando, sí. Pero el periodismo es como el vino, madura con los años y la calidad de su resultado no se aprecia el primer día. Y hay buenos vinos y malos periodistas, y viceversa. Grandes vinos son los de Pago de Carraovejas. A mí me encanta el reserva, pero el crianza de 2004 no le va a la zaga. Eso sí, es algo más caro que otros, pero merece la pena. Salud Público

22 sept. 2007

La peor catástrofe natural de Almuñécar

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Mi ciudad natal vivió ayer uno de los peores tragos de su historia. Una tormenta inimaginable, no presagiada por ningún servicio meteorológico en toda su magnitud, generó un caos terrible y costó la vida a un hombre. Por cuestiones laborales, no lo viví en directo, pero puede hablar con testigos de la triple riada . Los tres ríos del municipio, los dos de Almuñécar, río Verde y río Seco, más el de La Herradura, el río Jate, se vieron desbordados en su capacidad de digerir toda el agua que cayó en apenas unas horas. El líquido elemento se desparramó por todas partes y arrasó con todo lo que encontró a su paso: coches, motos, árboles, contenedores de basura... Cuando el agua dice de transformarse en torrente, no hay quien la pare. Explicaciones sobre un fenómeno así habrá muchas, pero ninguna se acercará todo lo esperado a la causa real. Lo único cierto, como siempre, es que la Naturaleza supera al raciocinio del ser humano.

Sin embargo, dentro de lo inexplicable de un suceso natural de esta magnitud, existen rendijas por las que encontrar un culpable. Un ejemplo es la 'sepultura' que sufrió el único tramo visible del acueducto romano de Almuñécar en las cercanías del casco urbano, que desemboca en la Carrera de la Concepción. Desconocida su existencia, aunque figurada por los arqueólogos, fue desenterrado hace apenas un lustro, tras las obras de construcción de una viviendas.

El monumento regresó ayer a su estado anterior, enterrado en tierra, o más bien en barro. Un rotonda construida hace menos de un año ejerció de tapón en la loca carrera del agua desbordada del río Seco. De no haber estado esa rotonda ahí, quizá el agua hubiese encontrado una vía de escape y no hubiese terminado desembocando en el recinto 'subterráneo' del acueducto.

Eso sí, la imagen da a entender una cosa: no es la primera vez que Almuñécar sufre unas inundaciones de tal calibre. Si el acueducto estaba enterrado hasta hace unos años es porque, en su día, es posible, otra tromba de agua lo anegó, lo sepultó bajo el barro y los habitantes del pueblo prefirieron dejarlo así. La falta de documentos históricos que lo certifiquen desmonta cualquier teoría de este tipo, aunque no es algo descartable.

En cualquier caso, la realidad de lo ocurrido hace menos de 24 horas, no sólo por la sepultura del monumento romano, sino por todo lo demás también, me lleva a una conclusión: el urbanismo salvaje y mal proyectado del hombre destapa su cara amarga cuando la Naturaleza se propone continuar su camino, ajena a los despropósitos de la Humanidad. Hay quien asegura que el río buscó su antiguo curso.

Mi padre, cuando uno era aún adolescente, me advirtió de que algún ocurriría algo así en Almuñécar. Ayer, según me cuentan, cuando empezó a llover sobre el mediodía, mi padre, que se encontraba en el campo, decidió regresar a casa porque presintió que aquello podría ir a peor. Menos de una hora después, el río Seco, vía natural de acceso a un gran número de fincas y cortijos sexitanos, por el que seguro que pasó mi padre con su WV Caravelle, se llevó por delante a tres vehículos, al menos, que acabaron destrozados en la desembocadura del río. Su presentimiento, quizá, le salvó la vida.

El caldo
Mi padre es un gran amante de los vinos. Cuando yo era un niño siempre lo ví comer en casa con un botella de Señorío de los Llanos, vino manchego, encima de la mesa, aunque en los restaurantes siempre pedía otros. Más tarde, se lanzó a la variedad también en casa. Una vez, tras probar un caldo riojano, le oí decir, por primera vez: «Este vino está de puta madre». Acabada de paladear una copa de Marqués de Vargas Reserva del 94, año de gran cosecha para la D.O. Rioja. Salud.

21 sept. 2007

El ejecutivo asturiano y Zapatero

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Los aeropuertos ya no son lo que eran. ¿O sí? Depende de cuál pises. Tras una conversación digital, en una lista de correo privada, la de la @PDA, sobre el nuevo sistema de auto check in o facturación automática (el castellano es igual o más rico que el inglés), he decidido abrir una entrada sobre los viajes (pocos) que han enriquecido mi vida. La idea no es nada original –muchos blogs los recogen–, pero las situaciones cómicas, tragicómicas o cuasi calimitosas que se produjeron en algunas de mis experiencias viajeras, creo, merecen ser contadas.

El primer 'Enoviaje' (así denomino a esta nueva entrada) que me viene a la cabeza, sucedió en Gijón, concretamente, en el Aeropuerto de Asturias.

Viajábamos tres periodistas granadinos. Antonio Rodríguez, de Radio Granada Cadena SER, Pablo Quílez, de Granada Hoy, y un servidor, de IDEAL. Volvíamos a casa tras cubrir un partido de la Liga LEB que disputaron los equipos Fahro Gijón y CB Granada. Tras facturar las maletas, mediante el sistema tradicional de acercarse al mostrador, nos dirigimos a la puerta de embarque correspondiente. Nos hicieron introducirnos a todos los pasajeros en un especie de recinto acotado por unas mamparas de cristal, similares a las zonas reservadas actualmente para fumadores de la famosa T4.

Después de una larga espera, Antonio y yo, observadores internacionales donde los haya, empezamos a sospechar que algo pasaba. Mientras hablaba por el teléfono móvil con no recuerdo quién, un mensaje se oyó por la megafonía de la puerta de embarque. Tras pedir disculpas a mi interlocutor, colgué y pregunté a Antonio: «¿Qué han dicho?». «¿Qué el vuelo se cancela por un problema técnico?», farfulló el bueno de Antonio.

El personal clamó al cielo en un confuso murmullo generalizado, y las protestas, lógicas, aunque inútiles, por el silente proceder de la auxiliar de vuelo que atendía el mostrador de la puerta de embarque, empezó a pedir explicaciones. De repente, un caballero (algo menos después de su actitud) embutido en su traje de ejecutivo de sueldo medio (su estilo dejaba que desear), que al parecer tenía que enlazar en Madrid con un vuelo hacia Londres (de eso me enteré seis horas más tarde, tras coincidir con él en la cinta de recogida de equipajes de la vetusta T2 de Barajas), vomitó: «¡Cómo se nota que ya gobierna Zapatero!».

El murmullo general se transformó en un silencio más seco que el de un velatorio. Antonio, Pablo y este narrador nos miramos con una sonrisa entre cómica y asombrada. «Ya sabemos a quién vota, ¿no?», ironizé. Por aquel entonces, año 2004, hacía quince días que José Luis Rodríguez Zapatero y el PSOE habían ganado las elecciones del 14-M.

No acaba aquí
El problema técnico, con el que la compañía Iberia justificó la cancelación del vuelo, se debió a un supuesto pinchazo en una rueda del tren de aterrizaje, que ni Antonio, ni Pablo ni yo logramos localizar, tras analizar, a través del cristal de la terminal, todos los neumáticos del avión que teníamos antes nuestras narices y que nunca pudimos coger. Otro día desmenuzaré el resto de aquella larga travesía, que concluyó 19 horas más tarde en el Aeropuerto de Granada-Jaén, con noche incluida en el Tryp Barajas de Madrid.

El caldo
El vino tinto que servían en la clase turista de Iberia aquel día, previo pago, eso sí, era un cosecha de Lagunilla, de esos que embotellan en plástico, en un envase de 35 cl. Los hay mejores en esa casa riojana, sita en Cenicero. Salud

20 sept. 2007

No sin mi vino

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Ante la insistencia de algunos amigos y colegas de profesión, he decidido lanzarme al mundo blogger por la puerta de atrás, sin anunciarme. Como el Soldadito marinero de Fito&Fitipaldis, espero estar "lo más lejos, a tu lado", y caminaré despacio, "que las prisas no son buenas". No sé dónde está mi sirena, pero sé que nunca me pillará con la cartera llena. Aunque sí con un vino en la mano, entre copas de cristal y botellas de buen caldo español. Para empezar, un Flor de Pingus. Salud

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